Tumores de vesícula biliar. Cáncer de la vesícula biliar.

¿Qué es?

Los tumores de vesícula biliar son lesiones benignas (pólipos y adenomas) o malignas (cáncer de vesícula) que asientan sobre la vesícula biliar. Algunos de los factores de riesgo incluyen: edad, obesidad, historia familiar, piedras en la vesícula (colelitiasis), algunas infecciones de vesícula y el tabaco.

Sintomatología

La mayoría de veces el paciente no muestra sintomatología, de hecho en ocasiones el diagnóstico se realiza tras analizar la vesícula biliar que había sido extirpada por otro motivo (normalmente por cálculos). Se suele diagnosticar en estadios avanzados de la enfermedad, notando dolor abdominal o color amarillento de la piel (ictericia). También puede presentar cansancio, pérdida de peso, falta de apetito o sensación de aumento del diámetro abdominal.

Diagnóstico

Para el diagnóstico de los tumores de vesícula suelen ser necesarias varias pruebas complementarias. Siempre se le solicitará una analítica sanguínea, incluyendo pruebas de función hepática y marcadores tumorales como el antígeno carcinoembrionario (CEA) o el CA19.9. La ecografía suele ser la primera prueba de imagen en realizarse, si bien la tomografía computarizada (TC) y la resonancia magnética (RM) suelen ser necesarias para confirmar el diagnóstico. En ocasiones se precisa de una laparoscopia exploradora para ver el tumor y descartar que se haya extendido a otras zonas.

Tratamiento

La posibilidad de cirugía viene determinada por la extensión del tumor. Tras discutir su caso en el comité multidisciplinar donde se reúnen todos los especialistas involucrados (oncólogos, gastroenterólogos, cirujanos, radiólogos, etc.) se decidirá el mejor tratamiento individualizado.

Cuando sea posible, la cirugía se le planteará, ya que es el único tratamiento radical que elimina al completo el tumor. El procedimiento quirúrgico más habitualmente realizado suele ser una colecistectomía (extirpación de la vesícula biliar), una hepatectomía de los segmentos IVb y V (extirpación de la parte del hígado que contacta con la vesícula biliar) y una linfadenectomía (extirpación ganglios linfáticos regionales).

La mayoría de estas resecciones pueden llevarse a cabo por laparoscopia, en centros expertos y por cirujanos con experiencia, mejorando la recuperación tras la cirugía.

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